Mi historia: cómo me convertí en terapeuta holística (de España a Sri Lanka a Dubái)
Hace 24 artículos que te escribo desde mi estudio en Arabian Ranches, hablándote de Reiki, aromaterapia, drenaje linfático, baños holísticos, emociones reprimidas, fertilidad, sueño, postparto. Pero pocas veces te he contado quién soy yo — quién está al otro lado de las manos cuando vienes a una sesión. En agosto, mientras Dubái respira más despacio y muchas estáis volviendo del verano, me apetece compartirte mi historia. Cómo de una vida muy diferente — porque no nací terapeuta, vengo de otro mundo — llegué a dedicar mi vida a esto. Cómo Sri Lanka me cambió. Cómo Dubái se convirtió en mi casa. Y, sobre todo, por qué hago lo que hago cada día en mi estudio. Si has llegado hasta aquí en el blog, mereces saber quién soy.
Mi recorrido
Nací en España, llegué al mundo holístico hace más de una década por un giro personal,
me formé en Reiki y terapias manuales, pasé un tiempo desarrollando mi práctica en Sri Lanka,
y hace 5 años abrí mi estudio en Dubái. Hoy trabajo con mujeres en este estudio privado de
Arabian Ranches combinando Reiki, masaje holístico, drenaje linfático manual, Flores de Bach
y aromaterapia clínica.
- Origen: española, de formación en humanidades antes que en terapias
- Más de 10 años de práctica continua
- Sri Lanka: donde maduré como terapeuta
- 5 años en Dubái: estudio privado en Arabian Ranches desde entonces
- Especialidades: Reiki, masaje holístico, drenaje linfático manual, Flores de Bach, aromaterapia clínica
- Idiomas: español e inglés

El estudio en Arabian Ranches: la luz natural a media mañana es uno de los momentos que más me gustan. Aquí transcurre la mayoría de mi vida profesional.
Cómo empezó todo: la pregunta detrás del cambio
No empecé en el mundo holístico. Como la mayoría de mis clientas, llegué tarde — y no por curiosidad, sino por necesidad propia.
Durante años viví una vida que, vista desde fuera, parecía perfectamente coherente. Trabajaba mucho, viajaba, cumplía, hacía lo que tocaba. Hasta que un momento — no fue una caída espectacular ni un drama de película — empecé a sentir lo que muchas conocéis: que la energía no me daba, que dormía mal, que vivía detrás de un cristal, que estaba siempre “haciendo” pero rara vez “sintiendo”. El cuerpo me pedía algo y yo no sabía escucharlo.
La primera vez que recibí Reiki fue casi por casualidad. Una amiga me arrastró. Yo iba escéptica, con esa actitud educada de “lo pruebo para no ser maleducada”. Tumbada en aquella camilla, una hora después, lloré sin saber por qué. No fue dramático — fue como si algo que llevaba años apretado dentro se abriera muy despacio. Salí distinta de aquella sala. No mística, no iluminada — distinta. Como si una pieza pequeña hubiera vuelto a su sitio.
Esa noche dormí mejor que en meses. Y al día siguiente busqué a quien me había dado aquella sesión y le pregunté si me podía enseñar.
Los primeros años: aprender a no saber
Mis primeros años de formación fueron lentos. Me formé en Reiki tradicional (los tres niveles) con paciencia, sin prisa. Aprendí también masaje holístico y drenaje linfático manual con maestros y maestras que me ayudaron a entender que las manos son una conversación, no una técnica. Estudié Flores de Bach por la profundidad sutil que aportan. Más tarde me especialicé en aromaterapia clínica, porque me fascinaba cómo una molécula vegetal puede acompañar lo que el alma siente.
Pero lo más importante de esa etapa no fueron los cursos. Fue aprender a no saber. A no llegar con una solución antes de escuchar. A permitir que el cuerpo de la otra persona me hablara. A confiar en el silencio. Esto, te lo digo con honestidad, no se aprende en cursos — se aprende practicando con respeto durante años. Y cometiendo errores, también. He cometido errores, los he visto, los he corregido. Sigue ocurriendo.
Durante esos años acompañé a muchas personas — desde mujeres en duelo, hasta postpartos difíciles, hasta empresarias agotadas, hasta adolescentes con ansiedad. Cada una me enseñó algo distinto. Cada cuerpo es un mundo y eso es lo que me sigue enamorando de este trabajo después de una década.
Sri Lanka: el lugar que me cambió
Hubo un tiempo en que sentí que necesitaba salir de mi zona conocida para crecer como terapeuta. España me había dado mucho, pero quería contrastar mi práctica con otras tradiciones, otras formas de entender el cuerpo, otras culturas del cuidado.
Sri Lanka apareció casi por sí solo. Lo que iba a ser un viaje de unos meses se convirtió en una etapa significativa de mi vida. Allí seguí trabajando con Reiki — atendía a residentes locales y a viajeras occidentales que llegaban buscando una pausa profunda. La cultura del cuidado en Sri Lanka es muy distinta a la nuestra: más lenta, más circular, menos transaccional. Aprendí a sostener silencios más largos, a confiar más en lo que se mueve sin palabras, a respetar el ritmo del cuerpo sobre el ritmo del reloj.
Allí también me enseñaron mucho sobre las plantas. Sobre cómo las mujeres mayores de generación en generación han trabajado con aceites, hierbas, baños y aguas para sostener a otras mujeres. Aprendí cosas que ningún curso académico me había transmitido — no porque sean secretas, sino porque solo se aprenden viviéndolas.
Cuando finalmente cerré esa etapa, lo hice con la sensación clara de que había madurado como terapeuta. Ya no era la chica que había llorado en aquella primera camilla de Reiki en España. Era una mujer con manos que sabían lo que hacían — y, lo más importante, sabían cuándo no hacer.
Dubái: la decisión que cambió mi vida
Hace 5 años llegué a Dubái. No fue una decisión planificada como podría parecer — fue una combinación de circunstancias personales, de intuición y de una sensación clara de que había algo aquí para mí.
Confieso que los primeros meses fueron extraños. Dubái es una ciudad de contrastes brutales: lujo y agotamiento, eficiencia y soledad, mujeres con vidas profesionales potentes pero a veces sin red de cuidado real. Vi rápidamente lo que muchas necesitaban — un espacio donde poder soltar la armadura. Donde no tuvieran que ser “fuertes” durante una hora. Donde el cuerpo recibiera atención sin que el rendimiento estuviera en juego.
Empecé pequeño. Acompañando a algunas mujeres que llegaban por boca a boca. Sesiones de Reiki en sus casas al principio, hasta que pude abrir mi propio estudio en Arabian Ranches — el espacio que hoy ves en las fotos del blog. Un sitio tranquilo, lejos del ruido de la ciudad, donde el tiempo dentro corre distinto al de fuera.
En estos 5 años he visto cómo Dubái es para muchas mujeres una etapa intensa pero corta — pasan 3, 5, 7 años aquí y luego siguen su camino. Pero esa etapa, vivida bien, puede ser de mucha riqueza. Mi trabajo es estar aquí, sostener, acompañar — para que ese tiempo en Dubái sea integrador y no solo de supervivencia.

Detalles del estudio: cuarzo rosa, cuenco tibetano, aceites esenciales, vela y lino crudo. Pequeñas cosas que sostienen una atmósfera específica — la que protege lo que pasa dentro de la sala.
Mis clientas: lo que veo, lo que aprendo
Trabajo principalmente con mujeres, aunque también atiendo a algunos hombres y parejas. Las edades van de los 25 a los 65 años. Las nacionalidades son tan diversas como la propia ciudad: españolas, latinoamericanas, británicas, francesas, libanesas, indias, sudafricanas, australianas, locales del Golfo.
Hay patrones que veo una y otra vez:
- Mujeres con vidas profesionales potentes y agotamiento crónico que llevan años acumulando
- Mujeres en transiciones vitales: cambios de país, separaciones, perimenopausia, postpartos, búsqueda de embarazo
- Mujeres acompañando duelos — de padres, de hermanos, de proyectos, de versiones anteriores de sí mismas
- Mujeres que han probado todo y están listas para algo más sutil
- Mujeres jóvenes con ansiedad que empiezan a aprender a habitar su cuerpo
Aprendo de cada una. Mi conocimiento real no viene de los cursos — viene de las miles de horas escuchando, tocando, observando. De lo que el cuerpo dice cuando la mente calla. De lo que aparece en las sesiones que no estaba en la conversación inicial. Por eso este trabajo nunca se agota: cada sesión me enseña algo nuevo.
Por qué hago lo que hago
A veces me preguntan: “¿pero realmente esto cambia algo? ¿no es solo un rato agradable?”
Mi respuesta honesta: no siempre cambia “algo grande”, no soy mística, no prometo transformaciones radicales. Pero sí veo, una y otra vez, lo que aporta este trabajo bien hecho:
- Mujeres durmiendo mejor después de meses de insomnio
- Tensión crónica que se mueve después de años atascada
- Procesos emocionales que estaban bloqueados y empiezan a fluir
- Sistemas nerviosos que pasan de “supervivencia constante” a “descanso real”
- Decisiones importantes que toman claridad después de una sesión profunda
- Mujeres reconectándose con su cuerpo después de años de tratarlo como una máquina
Lo hago porque vi cómo el Reiki me cambió a mí cuando estaba en aquel momento difícil. Y porque sé, desde dentro, lo que vale tener un espacio donde otra mujer te sostiene sin pedirte nada — donde puedes llorar, callar, dormir o procesar sin tener que dar explicaciones.
Quiero ofrecer eso a otras mujeres. Eso es lo que hago cada día en mi estudio.
Mi compromiso contigo
Si decides venir a una sesión conmigo, esto es lo que te prometo:
- Te escucharé sin prisa. La primera sesión incluye conversación abierta sin reloj — necesito entender quién eres antes de tocarte.
- Seré honesta sobre lo que puedo y lo que no. No te venderé sesiones que no necesitas. Si tu caso necesita psicóloga, médica o fisioterapeuta, te lo diré claro y te ayudaré a encontrar profesional.
- Adaptaré cada sesión a ti, no aplicaré una fórmula genérica. Cada cuerpo es distinto cada día.
- No te prometeré milagros. Te prometeré trabajo serio, presencia plena, y un espacio seguro donde tu cuerpo pueda hacer lo que necesite.
- Respetaré tu confidencialidad absoluta. Lo que pasa en la sala se queda en la sala.
- Te trataré con dignidad cualquiera que sea tu situación, edad, cuerpo, momento de vida o creencias.
Reserva una primera sesión aquí — las nuevas clientas reciben un 10% de descuento. Si tienes dudas antes de reservar, también puedes escribirme y conversamos sin compromiso.
Los chakras y los cuerpos energéticos
Los 7 chakras principales
Los chakras son los centros energéticos del cuerpo, ruedas de energía que se sitúan a lo largo de la columna vertebral y regulan distintas dimensiones de nuestra vida:
- Muladhara (raíz) — base de la columna. Seguridad, arraigo, conexión con la tierra.
- Svadhisthana (sacro) — debajo del ombligo. Creatividad, sensualidad, placer.
- Manipura (plexo solar) — encima del ombligo. Poder personal, voluntad, confianza.
- Anahata (corazón) — centro del pecho. Amor, compasión, apertura emocional.
- Vishuddha (garganta) — en la garganta. Comunicación, expresión, verdad personal.
- Ajna (tercer ojo) — entrecejo. Intuición, sabiduría interior, percepción sutil.
- Sahasrara (corona) — coronilla. Espiritualidad, conexión con lo divino, consciencia superior.
Los cinco cuerpos energéticos
Somos seres formados por varias capas o cuerpos sutiles que se interrelacionan:
- Cuerpo físico — el vehículo material que habitamos.
- Cuerpo energético (o etérico) — la red energética por donde fluye el prana, la energía vital.
- Cuerpo emocional — donde residen los sentimientos y las reacciones afectivas.
- Cuerpo mental — pensamientos, creencias, procesos mentales.
- Cuerpo espiritual — la conexión con lo trascendente y nuestra esencia más profunda.
En cada sesión trabajamos sobre todos estos planos a la vez, porque un desequilibrio en uno suele reflejarse en los demás.
Sobre mis tratamientos en Arabian Ranches
Si te interesa profundizar en alguno de los temas que tratamos en este artículo, en mi estudio de Arabian Ranches ofrezco varios tratamientos: Reiki con equilibrio de chakras, masajes terapéuticos y de aromaterapia, drenaje linfático manual, terapia floral de Bach y fórmulas personalizadas de aceites esenciales, entre otros.
📋 Consulta el listado completo y precios actualizados en Tratamientos.
✨ Primera visita: incluye una consulta inicial gratuita de 15 minutos para entender tu caso y adaptar el tratamiento. Además, las nuevas clientas reciben un 10% de descuento en su primer tratamiento.
Reserva tu sesión aquí o escríbeme si tienes dudas previas.
Preguntas frecuentes sobre mí y mi práctica
¿Hablas árabe?
No. Mis sesiones son en español o inglés. Para clientas árabe-hablantes, normalmente trabajamos en inglés y el cuerpo entiende lo demás. Puedo recomendar terapeutas hispanohablantes-arabófonas en Dubái si lo necesitas.
¿Atiendes hombres?
Sí, aunque mi clientela principal son mujeres. Atiendo hombres en sesiones individuales (Reiki, masaje holístico, drenaje) y en sesiones de pareja. Si vienes como hombre y prefieres un terapeuta hombre, también puedo recomendar.
¿Trabajas con embarazadas?
Sí, a partir del segundo trimestre con protocolos específicos (Reiki, drenaje linfático adaptado, aromaterapia segura para embarazo). En primer trimestre prefiero acompañamiento muy suave y solo si hay necesidad clara.
¿Cuál es tu formación oficial?
Tengo certificaciones en Reiki tradicional (los tres niveles, incluido nivel maestro), masaje holístico, drenaje linfático manual, Flores de Bach y aromaterapia clínica. Las titulaciones específicas las puedo compartir contigo si vienes a una sesión presencial.
Gracias por leerme hasta aquí. Si has sentido que algo de lo que cuento resuena contigo, te invito a venir a conocer el estudio. Las primeras sesiones siempre son especiales — y muchas mujeres me han dicho después que les cambió cómo se ven a sí mismas. No puedo prometerte eso, pero sí prometerte mi tiempo, mi presencia y mi cuidado durante una hora completa contigo.
Con cariño,
Rosana
← Volver al blog · Reservar sesión · Qué es el Reiki · Drenaje linfático manual · Aromaterapia clínica · Flores de Bach · El estudio · Todos los artículos del blog